Por Javier Valero - @Valero_VLC
En Vaquillas de este año, fiesta popular totalmente desproporcionada que convierte la ciudad de Teruel en un espacio de desenfreno, Crápula conoció a una joven morena, tímida, de grandes ojos y aires sicilianos: una Claudia Cardinale de Molina de Aragón. Crápula la paseó por las abarrotadas calles prometiéndole amor eterno, fidelidad hasta la muerte y un gintonic en vaso de plástico cada 15 minutos. Rescatada de un grupo dominado por su primo controlador, la Cardinale de Molina se rindió a los encantos de la fiesta y la pasión. Al despedirse en una esquina, Crápula le regaló su sombrero y se marchó, elegantemente vestido de un blanco agrosellado, con el teléfono de la chica apuntado en la parte de atrás de una etiqueta de tónica Hacendado.
Fracasé una vez, fracasé diez mil
y aun así alzo mi copa hacia el cielo
Nacho Vegas - El hombre que casi conoció a Michi Panero
En Vaquillas de este año, fiesta popular totalmente desproporcionada que convierte la ciudad de Teruel en un espacio de desenfreno, Crápula conoció a una joven morena, tímida, de grandes ojos y aires sicilianos: una Claudia Cardinale de Molina de Aragón. Crápula la paseó por las abarrotadas calles prometiéndole amor eterno, fidelidad hasta la muerte y un gintonic en vaso de plástico cada 15 minutos. Rescatada de un grupo dominado por su primo controlador, la Cardinale de Molina se rindió a los encantos de la fiesta y la pasión. Al despedirse en una esquina, Crápula le regaló su sombrero y se marchó, elegantemente vestido de un blanco agrosellado, con el teléfono de la chica apuntado en la parte de atrás de una etiqueta de tónica Hacendado.